DERMATOLOGÍA CARLOS GONZALEZ

Dermatología clínica

La dermatología clínica se centra en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de las enfermedades de la piel, el pelo y las uñas. Cada paciente y cada lesión requieren una valoración individualizada para poder ofrecer una orientación diagnóstica precisa y el tratamiento más adecuado en cada caso.

En consulta se abordan tanto enfermedades cutáneas frecuentes como patologías más complejas, siempre con un enfoque riguroso, cercano y personalizado.

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Valoración integral de la piel

En consulta se realiza la valoración, diagnóstico y tratamiento de las principales enfermedades de la piel, el pelo y las uñas, siempre con un enfoque individualizado y adaptado a cada paciente. Entre las patologías más frecuentes que tratamos se encuentran el acné juvenil y el acné de la mujer adulta, la rosácea, la psoriasis, la dermatitis atópica, las verrugas víricas, las infecciones fúngicas, el vitíligo y diferentes tipos de alopecia. También se estudian y controlan lesiones pigmentadas como los nevus o lunares, así como lesiones premalignas y tumores cutáneos como la queratosis actínica, el melanoma y los carcinomas cutáneos. La valoración dermatológica también es clave para identificar manifestaciones cutáneas relacionadas con enfermedades internas y para tratar lesiones benignas frecuentes como los lentigos solares, las queratosis seborreicas y los acrocordones.

Principales enfermedades que tratamos

Acné juvenil

El acné juvenil es una dermatosis inflamatoria del folículo pilosebáceo, relacionada con la hiperproducción sebácea en respuesta a un estímulo hormonal, la hiperqueratinización y la proliferación de Cutibacterium acnes. Se manifiesta con comedones, pápulas, pústulas y, en los casos más graves, nódulos con riesgo de cicatrices persistentes. El tratamiento es individualizado y puede incluir retinoides tópicos, antibióticos, tratamiento hormonal o isotretinoína. Un abordaje precoz y supervisado por tu dermatólogo de confianza permite controlar la enfermedad, prevenir las cicatrices y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Nevus o lunares

Los nevus, conocidos popularmente como lunares, son proliferaciones benignas de los melanocitos de la piel que se presentan como lesiones pigmentadas. Pueden aparecer desde la infancia y evolucionar a lo largo de la vida. La gran mayoría son inofensivos, pero es importante vigilar posibles cambios en el tamaño, la forma o el color, así como aquellos que empiezan a molestar o a causar picor. La exploración dermatológica con dermatoscopia permite una valoración precisa y segura. En algunos casos, puede indicarse la cirugía para su estudio histológico y descartar malignidad. Un seguimiento adecuado permite detectar de forma precoz lesiones sospechosas.

Melanoma

El melanoma es un tumor maligno de la piel que nace de los melanocitos, las células responsables de generar la melanina. Se relaciona principalmente con la radiación ultravioleta y, en algunos casos, con predisposición genética. Suele presentarse como una lesión pigmentada asimétrica, con bordes irregulares, variación de color y cambios recientes, siguiendo la regla ABCDE. Muchas veces se identifica como una mancha distinta al resto de las que tiene el paciente. El diagnóstico precoz es fundamental, ya que permite elevadas tasas de curación.

Acné de la mujer adulta

Es una dermatosis inflamatoria persistente, a menudo asociada a factores hormonales e hipersensibilidad androgénica. Predomina en la zona mandibular y puede manifestarse con lesiones inflamatorias recurrentes, comedones y pústulas. Puede afectar de forma importante a la calidad de vida. El tratamiento puede incluir retinoides tópicos o sistémicos, antibióticos o antiandrógenos, siempre con un abordaje individualizado para controlar los brotes y mejorar el aspecto cutáneo de forma sostenida.

Rosácea

La rosácea es una dermatosis inflamatoria crónica de la zona centrofacial, relacionada con una disfunción vascular y una respuesta inflamatoria alterada. Se manifiesta con enrojecimiento persistente, flushing, telangiectasias y, en algunos casos, pápulas y pústulas. Puede asociarse a sensibilidad cutánea y afectación ocular. El tratamiento es individualizado y puede incluir medidas generales, tratamientos tópicos, antibióticos orales o láser para el componente vascular. Con un enfoque adecuado es posible controlar los síntomas y mejorar el aspecto de la piel.

Psoriasis

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica inmunomediada, con predisposición genética, que se caracteriza por placas eritematoescamosas en zonas típicas como codos, rodillas, cuero cabelludo o región lumbar, aunque puede afectar prácticamente a cualquier parte del cuerpo, incluidas uñas, palmas y plantas. Puede asociarse a artritis y a otras enfermedades inflamatorias. Actualmente existen tratamientos tópicos, sistémicos clásicos y terapias biológicas que permiten un control muy eficaz de la enfermedad y una mejora significativa de la calidad de vida.

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica es una dermatosis inflamatoria crónica con alteración de la barrera cutánea e hiperreactividad inmunológica. Se manifiesta con sequedad, picor intenso y lesiones eccematosas, especialmente en cara, cuello y pliegues. Es muy frecuente en la infancia, aunque puede persistir o iniciarse en la edad adulta. Evoluciona en brotes y su tratamiento puede incluir hidratación, corticoides tópicos, inhibidores de la calcineurina y, en los casos moderados o graves, tratamientos sistémicos o biológicos.

Verrugas víricas

Las verrugas víricas son lesiones benignas causadas por el virus del papiloma humano. Suelen presentarse como pápulas hiperqueratósicas en manos, pies u otras localizaciones y pueden persistir en el tiempo. El tratamiento puede incluir crioterapia, agentes queratolíticos u otras técnicas destructivas. En algunos casos desaparecen espontáneamente, aunque la resolución suele ser habitual con el tratamiento adecuado.

Infecciones fúngicas

Las infecciones cutáneas por hongos están producidas por dermatofitos o levaduras. Pueden manifestarse con lesiones descamativas, rojizas y, a menudo, pruriginosas. Pueden afectar a la piel, las uñas o el cuero cabelludo. El tratamiento se basa en antifúngicos tópicos o sistémicos según la localización y la extensión. En muchos casos se realiza un cultivo para confirmar el diagnóstico.

Queratosis actínica y campo de cancerización

Las queratosis actínicas son lesiones premalignas derivadas del daño solar crónico. Suelen aparecer como placas rugosas en zonas fotoexpuestas y se consideran marcadores de riesgo de carcinoma escamoso. Cuando existe una afectación amplia de una zona con múltiples lesiones, se habla de campo de cancerización. El tratamiento puede incluir crioterapia, tratamientos tópicos de campo o terapia fotodinámica, entre otras opciones.

Carcinomas cutáneos

Incluyen principalmente el carcinoma basocelular y el carcinoma escamoso, ambos asociados con frecuencia a la exposición solar acumulada. Suelen presentarse como lesiones ulceradas, heridas que no curan, nódulos o tumores queratósicos. En general tienen buen pronóstico cuando se diagnostican y tratan de forma precoz. El tratamiento principal suele ser quirúrgico y el seguimiento dermatológico es esencial para detectar nuevas lesiones o recidivas.

Manifestaciones cutáneas de enfermedades internas

La piel puede reflejar enfermedades sistémicas de origen endocrino, hematológico, autoinmune, neoplásico o genético. La valoración dermatológica puede ser clave para identificar signos precoces de estas patologías. En estos casos, el tratamiento depende de la causa subyacente y a menudo requiere un abordaje integral junto con otras especialidades médicas.

Vitíligo

El vitíligo es una enfermedad autoinmune caracterizada por la destrucción de los melanocitos, lo que provoca manchas bien delimitadas sin pigmento. Puede tener un impacto emocional importante en el paciente. El tratamiento puede incluir corticoides, inhibidores de la calcineurina, fototerapia y, en algunos casos, inhibidores de JAK. En muchos pacientes es posible conseguir repigmentación parcial y estabilización.

Alopecia androgénica

La alopecia androgénica provoca una pérdida progresiva del cabello por miniaturización folicular mediada por andrógenos. En hombres suele afectar la región frontal y el vértex, mientras que en mujeres puede presentarse de forma más difusa. Tiene un componente genético importante. El tratamiento puede incluir minoxidil tópico u oral, antiandrógenos y otras opciones terapéuticas. Un abordaje precoz ayuda a frenar la progresión y, en algunos casos, mejorar la densidad capilar.

Alopecia areata

La alopecia areata es una enfermedad autoinmune que provoca pérdida de cabello en placas bien delimitadas. Puede afectar al cuero cabelludo, las cejas y otras zonas del cuerpo. En algunos pacientes se limita a pequeñas placas, mientras que en otros puede progresar de forma más extensa. El tratamiento puede incluir corticoides tópicos u orales, inmunoterapia y otras opciones más recientes como los inhibidores de JAK.

Lentigos solares

Los lentigos solares son manchas pigmentadas asociadas al fotoenvejecimiento. Se localizan en zonas expuestas al sol y, aunque son benignos, indican daño solar acumulado. El tratamiento con láser u otras técnicas puede mejorar el aspecto cutáneo de forma segura y eficaz.

Queratosis seborreicas

Las queratosis seborreicas son lesiones benignas muy frecuentes, de aspecto verrugoso y color variable. No tienen potencial maligno. Su tratamiento es opcional y suele realizarse por motivos estéticos o por molestias, mediante técnicas como crioterapia o curetaje. La exploración dermatológica permite diferenciarlas con seguridad de otras lesiones.

Acrocordones o fibromas blandos

Los acrocordones son lesiones cutáneas benignas muy frecuentes, de consistencia blanda y color similar al de la piel o ligeramente pigmentado. Aparecen habitualmente en zonas de roce como cuello, axilas o ingles. No tienen potencial maligno, aunque pueden resultar molestos o antiestéticos. Su tratamiento es sencillo y puede realizarse en consulta mediante crioterapia, electrocoagulación o exéresis.